Relaciones de pareja: del enfado a la comprensión

Que discutamos con nuestra pareja no es un problema. De hecho, no discutir nunca podría ser un problema. La cuestión está en cómo discutimos para discutir bien: viajar del enfado a la comprensión para ponernos en el lugar del otro, lo que sería, empatizar. Llegar a este puerto es un aprendizaje vital si uno quiere vivir tranquilo y disfrutar de la relación.

Las emociones se activan y se desactivan y somos nosotros los que llevamos el timón. A discutir se aprende igual que se aprende a montar en bicicleta. Cuando no tenemos experiencia discutiendo nos conduce la rabia. El resultado son las discusiones acaloradas y la sensación de estar haciendo un pulso con nuestra pareja. Cuando empezamos a entrenarnos somos nosotros los que decidimos que queremos que pase en la discusión y como queremos que acabe. No estar enfadado o quejarse a la mínima es una decisión que se toma individualmente. Para pasar del enfado a la discusión, recuerda:

Si pides que en tu relación no haya conflictos, ¡vas por mal camino! Todas las relaciones tienen conflictos. Lo que si puede pasar es que disminuyan una vez aprendas a empatizar.
No esperes amor incondicional. Este nos lo dio mamá, ahora toca una poco de riesgo, que sino la vida es demasiado aburrida.
No esperes demasiado del otro, tienes un humano ante tus ojos que decide estar contigo aunque discutáis. Él o ella también está aprendiendo a hacerlo mejor. Y si no es así, y crees que sólo espera que aprendas tú, tenéis un problema! La relación mejora cuando dejas de esperar que el otro cambie y decides cambiar o mejorar tú.

Por suerte, a veces tendréis puntos de vista diferentes!
Si pones más energía en resolver las discusiones que el otro, pregunta: ¿vale la pena esforzarme tanto yo sólo? Hacerse esta pregunta puede ayudar a resolver los problemas de manera diferente y ahorrarnos mucho estrés.
Aprender a ver qué señales te da tu cuerpo cuando te empiezas a enfadar. La rabia activa unas señales corporales que si las detectamos antes de que ellas se disparen podemos bloquearlas. Un aprendizaje de tres pasos: escuchar el cuerpo cuando empezamos a enfadarnos, aprender qué señales son y hacer algo diferente: respirar, proponer aplazar la discusión, etc.
Aplazar la discusión. Las parejas que además de pasión comparten amistad y motivación para hacer un buen equipo, tienen el pacto de que cuando las discusiones suben de tono, se pararán y se citarán más tarde para hablar. ¡Uno no puede negociar bien cuando está enfadado!
Las parejas “felices” no discuten menos, sino que están y aprenden a estar en la discusión.

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