¿Buscas pareja o te buscan a ti?

¿Cuál es tu estrategia para encontrar pareja? ¿Buscas a alguien que te haga feliz? ¿A alguien que te cuide? Probablemente tienes bastante clara la respuesta de qué esperas que te aporte una pareja. Dicho así, es como escribir la carta a los Reyes Magos y, si hay suerte, hay suerte. Pero, ¡qué arriesgado dejarlo todo en manos de la suerte! O dejar la felicidad en manos del otro. Esta sí que es una hipoteca de por vida. Y una gran deuda para el otro.

Pero lo cierto es que el camino más realista para tropezarse con la persona “ideal” empieza por convertirnos en ella. Si quieres que tu pareja te cuide, que sea alegre, que sea activo/activa, que te haga feliz, etc. ¿por qué no empiezas tú mismo por darte estos regalos? Así, te sitúas en una nueva actitud más atrayente y más seductora.

Este papel proactivo no sólo ayuda a “ligar” o atraer a otras personas. También te servirá para mantener una relación con afecto, madurez y diversión.
Las personas nos quieren por lo que encuentran en nosotros, no por nuestra necesidad de ser queridos o por nuestro deseo de que las cosas funcionen gratuitamente. Por lo tanto, si queremos recibir cosas positivas, tendremos que ser los primeros de aportar estos aspectos o planes que esperamos.

Así, si tu relación no funciona y te acabas cansando de una pareja porqué ya no te aporta lo suficiente, o no hay manera de encontrar a la pareja ideal, antes de abandonar, hazte dos preguntas: ¿se ha acabado la euforia del enamoramiento? o ¿estoy aportando lo que quiero que el otro me aporte?.

Si ya se ha agotado el frenesí del enamoramiento, toca proponer planes divertidos y diferentes para que la relación nos siga aportando aquello que queremos. La vía fácil es empezar a cargar de responsabilidades y negatividad al otro o al mundo, “por qué no nos da el juguete que queremos”; pero puede que ya hayas observado que esto sólo te lleva a acumular fracasos o expectativas incompletas. Plantéate si esto te pasa siempre. Si es así, te está indicando que no estás aprendiendo del fracaso. ¡Toca ponerse las pilas!

Si necesitamos tanto del otro, difícilmente daremos nosotros alguna cosa. Piensa: ¿eres de los que se pregunta: qué me tiene que dar la pareja? O, más bien, de los de ¿qué tengo que aportar a la pareja y a la relación?

Deja de buscar, de esperar o de enfadarte porque aquello no avanza, empieza por convertirte en la persona que estas posponiendo ser y así podrás atraer a la persona “ideal” y tu relación se convertirá en la “ideal”.

¿Relación y deseo son compatibles?

¿Sabes cuándo pones a tu pareja? ¿Te has preguntado en qué momento tu pareja recupera el deseo, la admiración, la pasión y el misterio? ¿Y tú, cuándo ves que otros lo admiran? ¿Cuándo te hace un regalo sorpresa? ¿Cuándo lo echas de menos?

A diferencia de lo que muchas parejas piensan, no siempre es la falta de cercanía la que anula el deseo, el exceso de cercanía también corrompe el deseo. De acuerdo con la idea de la psicoterapeuta de pareja y conferenciante, Esther Perel, “mientras que el amor busca la proximidad, el deseo necesita espacio para crecer”. El amor busca que estemos juntos, pero el deseo justo lo contrario.

Despertar el síndrome de abstinencia con unas dosis de lejanía para que reaparezca el deseo es un buen truco. ¿Sin abstinencia dónde queda el estímulo, la admiración y la sorpresa? Las relaciones necesitan oxígeno. Para que el deseo de estar con nuestra pareja crezca necesitamos diferenciarnos.

¿Os suena la frase de “somos como compañeros de piso”? ¿Cuántas veces te has sorprendido escuchando a tu pareja hablar con un amigo o amiga sobre temas de los que tú no tenías ni idea? Somos más responsables de lo que creemos de haber convertido a nuestra pareja en un desconocido o en un compañero de piso. Esta situación es, además, una auténtica autotraición que te hace pensar que tu pareja no te puede sorprender.

En el día a día se va descuidando el espacio de sorpresa. Así es como uno se carga el deseo. Es paradójico observar cómo sin darnos cuenta apostamos muchas más veces por la comodidad; o mejor dicho; por la “comodidad incómoda”: “ya lo / la tengo!”, en lugar de la sorpresa, la diversión y el deseo de volver te a ligar a tu pareja.

¿Qué puedes hacer para sumar deseo a la relación? Ser independiente decorando tu espacio personal. Atrévete a romper con lo que tu pareja espera que sea el fin de semana siguiente. Empieza a hacer todo lo que tienes en la lista: yoga, un nuevo deporte, clases de danza, cafés pendientes con las amigas, sale un día de fiesta sin tu pareja, etc. Experimenta, encuentra y cuida tus propios interese. Mira a tu pareja como si fuera aquel amigo que hace 10 años que no ves. ¿Qué tiene de curioso, interesante…? ¿Qué desea? Escúchalo como si la acabases de conocer ¡Sorpréndelo y despístalo! Si los fines de semana siempre terminan con una cena en casa y cine el domingo o mirando el fútbol con los colegas, sorpréndelo invitándole a un concierto (después del partido, si conviene). Si siempre cenáis con el pijama, espérale como máximo con ropa interior (quizás da vergüenza, pero puede ser divertido, ¿no?)

¿Sientes que pones en peligro la relación haciendo estos cambios?

Poner espacio e independencia no significa romper la confianza. Este espacio de independencia debe estar equilibrado por la tranquilidad y la seguridad. Así que, pídele que le preocupa de que te dediques un poco más de tiempo personal y tranquiliza a tu pareja. Tener un espacio personal no es incompatible con tener una relación. De hecho, todo el mundo que quiere una relación sana tiene ganas de sentirse libre. ¿Has conseguido más seguridad a base de pedir al otro que renuncie a su libertad? Con ello sólo se consigue asfixia y dependencia. ¡No necesitas a nadie para sentirte segura!

Tener una relación fusionada o dependiente lleva una seguridad falsa. Si deseáis que la relación funcione, piensa en las oportunidades que el espacio os ofrece a los dos .Sentir que una relación también te permite hacer tus propios planes aporta complicidad y deseo hacia el otro.

¿Existe el peligro de que se abuse de la libertad? ¡Sí! Comportarse de manera demasiado independiente no permite disfrutar de la relación y aporta mucha inseguridad en el vínculo. Que uno se tome más libertad dentro de la relación, provoca que el otro se cargue de más responsabilidades para mantener la conexión. Estos tipos de vínculos asimétricos desgastan. Si das espacio, asegúrate de que tu pareja respeta tus decisiones y tu libertad también. Si coges espacio, asegúrate de que sigues respetando sus decisiones y libertad. El exceso de proximidad puede ser un problema, pero demasiado distancia también. Demasiada distancia puede llevar a la desconexión emocional y a los desacuerdos constantes.

¡Haz que la relación sea algo fresco! ¡Todos necesitamos aire para vivir, el deseo también!

Cuando él ya acaba, pero tú ni has empezado…

Efectivamente, hablamos de una de las dificultades sexuales más habituales entre los hombres, sobretodo en los jóvenes: la eyaculación precoz.
Si alguien busca información sobre esta disfunción sexual, puede encontrar distintas definiciones y criterios para su diagnóstico, algunas relacionadas con el tiempo que se tarda en eyacular y otras (más acertadas en mi opinión) que tienen que ver con la sensación de control en el momento de la eyaculación. Además, hasta ahora la eyaculación precoz ha sido presentada como un trastorno sexual, pero permitidme que cuestione esta etiqueta, puesto que es una respuesta sexual más natural de lo que creemos.
No podemos olvidar que las personas descendemos de los simios, concretamente de los chimpancés. Los machos de esta especie tardan unos 5 segundos en eyacular, ya que lo que interesa es fecundar a la hembra lo más rápido posible sin ser atacado. ¿Por qué explico esto? Porque esa información aún está en nuestros genes, de manera que no nos puede resultar tan raro que un hombre, si está excitado y con alguien que le gusta, eyacule rápidamente. Si además es joven, su experiencia sexual no es muy larga y tiene poca confianza con la otra persona, será más probable que le cueste controlar la eyaculación como desearía.

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¿Y a parte de la biología, a qué más se debe?
Una vez tenemos en cuenta la naturaleza de la respuesta sexual masculina, hay que destacar la importancia de la parte psicológica, ya que lo que ellos piensan o sienten puede influir muchísimo.
Una de las grandes causas en esta dificultad es la ansiedad, y ésta suele estar relacionada con la presión del buen rendimiento en la cama. Por ejemplo, pensamientos como: “Tengo que quedar bien”, “Tengo que durar”, “Quiero satisfacerla como hombre”, “Deseo estar a su altura”, etc. no ayudan nada a dejarse ir, disfrutar del momento y vivir el sexo relajadamente.
A la vez, estos pensamientos están basados generalmente en una pobre educación sexual, fruto de lo poco que se habla y se conoce sobre la respuesta sexual, tanto la masculina como la femenina. Todos estos mitos, falsas expectativas, y excesivas ganas de “quedar bien” no ayudan a reducir la ansiedad de la que hablábamos, de modo que el cuerpo lo muestra.
Por ello, si un chico vive esta situación y le genera un gran malestar, siempre es recomendable pedir ayuda profesional a un/a terapeuta sexual, ya que a veces hace falta un trabajo más personal. Y dependiendo del caso, la colaboración con un/a especialista en fisiosexología puede ayudar a conocer mejor la propia musculatura encargada de la eyaculación.

¿Y en resumen, qué hay que tener en cuenta?
• Para que un hombre pueda tardar más en eyacular, ha de saber que el control es cuestión de práctica, de aprendizaje y de conocerse mucho a uno mismo. Recordemos que la eyaculación no es un acto voluntario, de modo que no sirve de nada repetirse en la cabeza frases como “Tengo que durar…”.

• Una manera de conocer la propia respuesta sexual es con la masturbación, ya que sin los nervios de estar con la otra persona, el chico puede centrarse en qué siente a cada momento, reconociendo el punto de no retorno: éste se refiere a aquel intante que, aunque se deje de tocar el pene, eyacula igualmente (a las chicas no nos sucede esto, ya que para llegar al orgasmo nos hace falta estimulación constante)

• También favorece la situación saber cómo funciona el cuerpo femenino, ya que muchos hombres le dan un papel demasiado importante a su pene para dar placer a la mujer, hasta que descubren que éste se encuentra precisamente fuera de la vagina. O saber que más rato de penetración o que introducir el pene muy rápido y fuerte, no quiere decir que vaya a proporcionar sensaciones más placenteras (de hecho la vagina pierde bastante sensibilidad a cada minuto). Dicho esto, una buena opción es dejar de ver su miembro viril como su mayor aliado en la cama y única “herramienta” sexual… Porque si quieren proporcionar placer a su compañera, mejor será entrenar las manos, los dedos o la lengua.

• Y por último, siempre va bien recordar que si en una relación sexual el hombre eyacula más rápido de lo deseado, no tiene porqué ser un problema: se puede seguir jugando buscando el placer de la otra persona y, si se desea, volver de nuevo “a la carga”, que eso siempre resulta divertido, ¿Verdad?

Los tres juegos para que ella alcance el Orgasmo!!

La base del sexo en pareja nos lleva a hablar de tres juegos a los que podemos jugar infinitamente. Si nos fijamos, sólo hablo de tres juegos, como si las relaciones sexuales no dieran más de sí… y la sexualidad (solos y en pareja) da mucho más que estos tres juegos pero a menudo, en la consulta, nos encontramos en hombres y mujeres que no piensan lo mismo.

Es habitual encontrarnos con personas que viven el sexo como una serie de cosas que hacer y experimentar. Como si lo que se puede hacer dentro del mundo de las relaciones sexuales sólo fuera una checklist, como una de las listas de la compra que hacemos cuando tenemos que ir al supermercado a comprar. Estas listas nos son poco útiles una vez hemos realizado o comprado todo lo que dice. Si pensamos que el sexo es como una lista de cosas que hacer, una vez las hemos terminado todas… ¿qué debemos hacer? ¿Repetir? ¿Y si nos aburrimos de repetir siempre lo mismo?

Las checklist sexuales nos llevan al aburrimiento en la cama, a pensar que lo divertido es sólo lo innovador, por lo tanto, cuando tenemos que repetir algo que ya hemos hecho… nos aburrimos.

Pero, si nos fijamos, hay tres juegos fijos dentro del mundo de las relaciones sexuales:

Tocar
Lamer
Introducir
Cuando hablamos de tocar, estamos hablando de las caricias, los tocamientos, de la masturbación… mientras que los besos, los juegos con la lengua y el sexo oral corresponden a la parte de lamer. Y cuando hablamos de introducir estamos hablando de la penetración (sea vaginal o anal).

Tres juegos. Poco más. Podemos hacerlos de muchas maneras diferentes pero normalmente siempre damos vueltas a los tres mismos juegos… y si alguien considera que el sexo es una checklist se aburrirá pronto.

Es por ello que la sexualidad debe ser mucho más que simple “gimnasia sexual”. Tenemos que mezclar sentimientos, emociones, ilusiones… y así disfrutaremos mucho más.

Es curioso. Aunque tenemos tres juegos y sus variedades para jugar, las personas nos estancamos a dar mucha más importancia a sólo uno de los tres juegos. ¿Adivináis cuál? El juego de introducir. Nuestra sexualidad a menudo es reduccionista y busca el juego de la penetración y se olvida de las otras vías que nos pueden llevar gran placer.

Os invito a ampliar, a disfrutar ya sentir estos tres juegos de manera divertida, alegre, con amor y con pasión.

¿Os apuntáis?

Generosidad en la cama. ¿Mito o realidad?

Las personas tenemos muchas formas de entender la sexualidad. Pero estaréis de acuerdo que la mayoría de ellas entienden que el sexo significa dar placer y recibir placer, ¿verdad? ¿Cuántas veces habrás escuchado esa frase?Seguro que muchísimas. Es lo que se espera en una pareja sexualmente activa, que tu des placer al otro y el otro te dé placer a ti.

Sin embargo, os invito a hacer una reflexión: fijémonos en la frase “dar placer y recibirlo”, “dar” y “recibir”, como si fuera un intercambio, yo te doy placer y espero, luego, recibirlo porqué yo te lo he dado antes. Quizás soy demasiado estricta, disculpadme si es así, pero los verbos tienen una función y un significado. Si lo utilizamos de ésta manera, la interpretación que haremos será tal cual.

Por lo tanto, siguiendo esta idea, ¿en quién estás centrada tú cuando tu pareja está centrada en ti? Lo que suele pasar es que muchas personas siguen centradas en su pareja y siguen pensando en él/ella, en el placer del/a otro/a pero como ahora te toca recibir y no dar, pueden aparecer frases en la mente del estilo “a ver si se va a cansar…”, “lleva mucho rato y no llego al orgasmo, seguro que está aburrido/a”, e inmediatamente después, casi sin ser consciente, te ves diciendo “para, para que llevas mucho rato (y seguro que ya estás cansado/a)”, y vuelves a sentirte bien cuando estáis jugando sexualmente a algo donde ves que tu pareja vuelve a disfrutar (o a demostrar que está disfrutando).

Si alguna vez te has sentido diciendo esa frase, te diré una cosa, eres una persona muy generosa. Pero a lo que vamos. En el sexo, ¿la generosidad funciona? Puede funcionar si tienes un alto grado de autoconocimiento y te resulta sencillo cambiar el objetivo del placer. Si eres un simple mortal, lo que tienes que hacer para disfrutar de todas tus relaciones sexuales es aprender a ser más egoísta.

Parece que no nos gusta mucho ser egoístas pero en el sexo lo tenemos que ser porque, si mientras tocas a tu pareja, piensas en su placer, no estás sintiendo el placer que te produce tocarle. Si mientras te toca tu pareja, estás pensando “que no se aburra”, “llega rápido al orgasmo para que no se canse”, “lleva mucho rato…”, no estás sintiendo el placer que te produce que tu pareja te toque.

En el sexo tú tienes que estar pendiente en todo momento de tu placer. Si acaricias a tu pareja, que sea porque disfrutas acariciándole, no para que disfrute, sino para inundarte de placer cada vez que sientes tu mano en su piel. Tienes que tocar porqué te gusta tocar. Si tú estás centrada/o en tu pareja y tu pareja como buen egoísta sexual está centrado/a en sentir lo que le haces, ¿quién está centrado/a en ti? ¿Quién sentirá tu placer? Nadie.

Por lo tanto si alguna vez sientes que te estás centrado en tu pareja sin tenerte en cuenta a ti, frénalo, no lo permitas y hazte dueña de tu propio placer. Permítete ser un poco egoísta en ésta área de tu vida. Tú tienes que responsabilizarte de tu placer sexual, indicar dónde te gusta, de qué manera y a qué ritmo. Tu pareja no siente lo tu sientes. Por lo tanto, guía, indica y habla con tu cuerpo, con tu no verbal. No esperes nunca que tu pareja adivine lo que quieres, cómo lo quieres, y cuándo lo necesitas. Esa es tu parte del pastel. El sexo en pareja debería ser “sentir tu placer mientras sientes su placer”. ¿Te atreves a ser un poco más egoísta para permitirte sentir tu placer?